Erling Haalan: La masculinidad que juega
No, nos enamora su cabellera, su fuerza o sus músculos marcados. Ni sus labios sensuales. No su mirada amorosa ni la postura abierta de su pecho como diciendo, aquí estoy y acepto todo lo que existe. Es cierto que danza mientras juega, y eso parece perfecto. Hay una armonía entre potencia y delicadeza que llama la atención. Incluso su manera de vestir sin temor a incorporar elementos tradicionalmente asociados a lo femenino, rompe los códigos rígidos de la masculinidad contemporánea. Pero no, su encanto no está en ninguna de estas cosas. Su belleza nace justo en el centro de su pecho. Un hombre que no vive separado de sí mismo, alguien que conserva la capacidad de sentir, de emocionarse, asombrarse, de llorar y de habitar el cuerpo como un regalo. Sin miedo a la sensualidad, a recibir y dar afecto a otros hombres públicamente. Un gesto de ternura que guarda no solo para sus mejores amigos, lo hace también con sus seguido...